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  • María Celestina Gálvez Nieto

La importancia de dejar espacio y opinión a nuestros mayores



Las residencias de mayores de hoy en día distan mucho del concepto de “asilo” o residencias de ancianos de antaño.

Afortunadamente, hemos ido ganando en la profesionalización de la atención a las personas mayores. Hemos avanzado en la sistematización de la gestión de los recursos, así como en la diversidad de servicios, y calidad técnica de las intervenciones. Es el momento de añadir “valor” para conseguir mejoras en la calidad de vida de las personas mayores. El modelo de atención centrada en la persona nos permite desarrollar el bienestar de los mayores, concentrando el protagonismo en el usuario y en su papel activo. Dando un paso más respecto a la atención de los modelos puramente asistenciales, -predominantes en los centros de la “tercera edad” de las décadas de los 80 y 90-, ahora el entorno y la organización se convierten en apoyos de las personas mayores. Si algo caracteriza a los centros residenciales especializados en el cuidado de mayores, es el ofrecer un trato permanente, digno y cercano. Esta característica propicia la aparición de decisiones éticas en el día a día, tanto de los profesionales de atención directa, como de los equipos técnicos y de la propia dirección.

Además de tener en consideración estos factores, desde Cugat creemos que a la hora de elegir residencia para una persona mayor “es importante visitar previamente las instalaciones acompañados, siempre que sea posible, del futuro residente. Además, es fundamental sentir cercanía y confianza por parte del equipo técnico y empleados, así como elegir un centro en el que se perciba un buen ambiente entre trabajadores y residentes”.


Entre los objetivos que persigue encontramos:

  • Proporcionar un hogar confortable y estable.

  • Ofrecer una atención integral que favorezca las distintas facetas personales: físicas, psíquicas y socio-cultural.

  • Promover medios y recursos que ayuden a mantener su autonomía personal.

  • Potenciar el sentido de grupo, ayudar a descubrirlo como un espacio de crecimiento común, promoviendo acciones solidarias, culturales... etc. Ya sea entre los propios residentes, en su entorno más cercano o en un ámbito más amplio.

La práctica diaria nos revela situaciones en las que no es fácil establecer actuaciones consensuadas por todas las partes. Los profesionales se encuentran con dilemas en los que los intereses del propio usuario pueden ser distintos a los de los familiares y/o profesionales. Sin embargo, debemos asegurar el respeto y cumplimiento de los derechos y a la dignidad de todas las personas implicadas en los procesos de atención. Por ello, es crucial establecer espacios de reflexión para solventar estos debates éticos, así como desarrollar habilidades y recursos específicos en materia de Ética Asistencial.

La comunicación y la escucha son dos procesos fundamentales en el bienestar de las personas cuándo van envejeciendo. Por lo tanto, prestemos atención a sus necesidades de relación que van unidas a la escucha activa. Siendo lo más gratificante que regalemos y acojamos la escucha que significa: disponibilidad, cercanía o empatía, y un encuentro intergeneracional. La escucha crea la mejor disposición para acompañar a vivir y a “caminar con el otro”, comprendiéndole y entendiéndole, pero exige el talante de acoger en cualquier situación cotidiana, de tristeza o desesperación, entre otras. También, supone acortar la distancia que separa a las personas. Es más que oír, significa querer comprender a nuestros mayores, ya que más grande que las palabras son los sentimientos. También es respetar y ayudar. Siendo la escucha activa una de las caricias más positivas apreciadas por las personas, y es que cuándo se siente escuchado/a tiene la cálida percepción de tener valor a los ojos de los demás. Con la mirada se estrecha la relación con los sentimientos, con ella se puede construir, curar, cuidar, dar serenidad, confianza y por supuesto, se puede expresar amor y complicidad. También, sosiega, clarifica malos entendidos, une, ayuda al conocimiento mutuo entre las personas y para el crecimiento de la amistad. Los demás sentirán la confianza necesaria para ser sinceros, se sentirán valorados y les permitiremos llegar al fondo de los problemas. Es una cualidad indispensable para la buena relación y la conciencia sana entre las personas. Toda persona mayor tiene sus necesidades (tener amigos/as, combatir la soledad y sentirse acompañado/a) y también con riquezas interiores (sabiduría), siendo la empatía y la escucha unos de los valores más apreciados en las personas más vulnerables.


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